lunes, 15 de noviembre de 2010

Negro sobre blanco

Tengo cuatro cartas pendientes de escribir. Sus remitentes no las esperan, no se las debo a ellos, es más bien una cuenta pendiente conmigo misma. Palabras que en su día no dije y que hace tiempo que están deseosas de salir.
Siempre valemos más por lo que callamos que por lo que decimos. Pero hay cosas que no se pueden callar eternamente.
Cojo papel y lápiz, creo en el romanticismo de escribir a mano, y empiezo a escribir. Son cartas con fecha de hoy pero con palabras de hace mucho tiempo.
Visita de vez en cuando el buzón, quizás la recibas pronto. Si es así, léala despacio, piensa mucho en mí y no me guardes ningún rencor por no decírtelo antes, espero que ahora no sea demasiado tarde.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Rojo carmín

Me gustaría pintarme los labios de rojo carmín. Ir a la Luna y volver. Saber tocar la guitarra. Volverme invisible durante tres horas. Tener una casa en un árbol. Que me besen debajo de la lluvia. Que nunca me faltará la imaginación para escribir. Viajar en furgoneta por todo el mundo. Tirar esas cosa que ya no me hacen ningún bien. No pensar tanto. Que no te fueras nunca más. Contradecir a Andy Warhol y tener más de quince minutos de fama. Saber que piensa de mí la gente que me ve por la calle. Subir a un escenario en medio de un concierto. Preguntarte algo que sin duda se que no querrás contestarme. No tener miedo a las alturas. Confiar en ti. Que confíes en mí.
Solo es cuestión de empezar por algo.
Hoy me pinté los labios de color rojo carmín.

martes, 2 de noviembre de 2010

Verd festuc

Tenía una amiga que quería pintar su habitación de color verde pistacho. Supongo que la pintó. Supongo que pasará largas horas en ella, o quizás entre y salga corriendo solo para cambiarse de zapatos. Nadie puede aguantar muchas horas con los tacones puestos, ella no era una excepción.
Supongo que en su habitación habrá una cama, una mesa, varios armarios y algún que otro recuerdo en forma de fotografía. O quizás ya no, quizás ya las tiró o las guardo bien guardadas en esas cajas que solo te permites abrir en los días de lluvia.
En su habitación verde pistacho supongo que también habrá un ordenador, una mini cadena, muchos discos y algún que otro libro, aunque nunca le gusto mucho leer. O quizás ya regalo los discos, vendió la mini cadena y descubrió su pasión por la literatura.
Supongo que ya no echará de menos su antigua habitación, o quizás si. Que voy a saber yo, nunca tuve una habitación pistacho.