Tengo cuatro cartas pendientes de escribir. Sus remitentes no las esperan, no se las debo a ellos, es más bien una cuenta pendiente conmigo misma. Palabras que en su día no dije y que hace tiempo que están deseosas de salir.
Siempre valemos más por lo que callamos que por lo que decimos. Pero hay cosas que no se pueden callar eternamente.
Cojo papel y lápiz, creo en el romanticismo de escribir a mano, y empiezo a escribir. Son cartas con fecha de hoy pero con palabras de hace mucho tiempo.
Visita de vez en cuando el buzón, quizás la recibas pronto. Si es así, léala despacio, piensa mucho en mí y no me guardes ningún rencor por no decírtelo antes, espero que ahora no sea demasiado tarde.
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