Se apodero de ella un recuerdo que creía ya no recordar. Y se alegro de no haberlo olvidado, de que su subconsciente lo hubiera guardado en algún cajón escondido. Dejado allí con sumo cuidado, guardado entre papel de seda blanco, de la manera en la que se envuelven las cosas cuando deben estar mucho tiempo guardadas.
Ahora, ya podía quitarle el envoltorio y sonreír.
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